Revista Internacional de Poesía "Poesía de Rosario" Nº17
 
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José María Pallaoro


1. INTERIOR CON PÁJAROS (fragmento)
 
«En el jardín, pájaros inocentes / picotean el césped encendido.»
Horacio Núñez West
 
Sibelius
 
un piano en el aire de la casa
la música quema la leña brillante de la estufa
 
sentados
cada uno de nosotros invoca
                        a su dios o no dios
 
unidos en la ceremonia
 
 
No sé                       
(para Elena)
 
por qué si afuera llueve
elijo una música diferente
 
en el adentro los sonidos se besan
 
son dos los que danzan
 
 
Otra casa
 
de un cielo gris con destellos
anaranjadamente oscuros
 
los pájaros de la tarde
caen
 
vacíos
sin peso
 
como hojas
       que sopla
                 la muerte
 
             quizás queriendo otra casa
 
 
Otra oscuridad
 
como un viajero a su sombra la sigo
no hay hambre
                           sólo deseo
 
cuando me pierdo
o ella se deshace de mí
 
el pensamiento deja de aventurar conjeturas
 
y quedo solo
en mi otra oscuridad
 
 
La claridad
(para Irina Bogdaschevski)
 
 
la claridad
de la ausencia
pesa y aturde
 
silencio quebrado
viento que no acaricia
 
 
Lunas
 
no me despojo de lo que más quiero
sino que lo que quiero se despoja de mí
 
luna
que en la noche
callas
 
 
Para qué
 
para qué dormir si en sueños
 
el cielo es el cielo
la tierra es la tierra
 
y nosotros
dos pájaros que se cruzan
y no se reconocen
 
 
Certezas      
(para Gaby)
 
sé que hay un pájaro en tu mirar
sé que en ese mirar la dicha es luz
además sé
que en vos
la dicha es
 
un pájaro
que no me ve
 
 
Mares
 
hace tiempo el mar dejó de visitarme
sin embargo la arena persiste en tus pies
 
desnudos y fríos
 
 
Aguas
 
la quietud del agua es rota por la hoja caída
 
un cuerpo apenas sumergido
ondas que llevan / a la otra orilla
 
la soledad del mundo
 
 
Saberes
 
sé que soy
la garra en la puerta de la jaula
 
y soy el pájaro
que se queda en un rincón sin querer salir
 
 
La enredadera
 
las rejas desaparecen
 
es indudable que ese jazmín crece
para recordarnos que la belleza es aún posible
 
dentro de pocos días sus flores perfumarán
 
la intimidad de esta habitación
donde consumo mis horas
 
en busca de un tesoro que no encuentro y que no sé si existe
 
 
2. LA CLARIDAD (fragmento)
 
«Escribir es ofrecer desde el primer momento
la última palabra a otro.»
Roland Barthes
 
El poder
 
El poder de una palabra
no radica en la voluntad de poder
 
decir aquello que los demás
quieren escuchar
 
El poder de la palabra
 
es un certero golpe en la cabeza del silencio
 
Y de esa cabeza –estallada en el aire–
se arma el mundo
 
a imagen y semejanza
de la poesía
 
 
Nuestra pequeñez escrita
 
Escribir
            ser uno
                        entre tantos otros
 
pensar
            nuestra pequeñez
                        como lo más importante
                        que nos pudo haber pasado
 
Los ojos
 
Cómo hacer para mirar
a los ojos del otro
y que entienda
 
Cómo hacer para que los ojos
del otro nos encuentren
y comprendamos
 
 
Escrituras
 
Escribo
sobre el charco
azul
 
            palabras
 
que se hacen
nube  
y lluvia
 
 
Los pájaros de nuestra memoria
 
tal vez el poema sea un campo dorado
a la espera de la lluvia
 
y después      del viento
 
                        que mece
los árboles
 
            donde descansan los pájaros
de nuestra memoria
 
 
La búsqueda
 
Muy pocas veces estuvo cerca de hallarlo
Está oculto en algún lugar de la casa
entre libros y palabras
 
y en contadas noches
en el silencio aparente de los objetos
junto a luces ahora dormidas
presiente
 
que un fugaz conocimiento
pareciera revelarlo todo
 
 
3. AGUAS DE NUESTRA SED (fragmento)
 
(«Quien lanza barquitos de papel lanza deseos.»
de un libro de Mary Shelley)
 
 
Aguas de nuestra sed
 
Ella acomoda los barquitos de papel sobre la mesa
Esos barquitos están detenidos en el cómplice mirar
La tarde pasa para que las aguas de nuestra sed
                                               empujen a los barquitos
 
 
Las alas del deseo
 
Ella es un pájaro que de noche vuela a lugares desconocidos
Lleva entre sus alas el sabor de los que la amaron durante el día
Viaja sola por temor a que la soledad la abandone
 
Ella se entrega a los brazos que la oscuridad le proporciona
Esos brazos la abrigan de la posibilidad cierta de la muerte
La muerte siempre la descubre amparada por la noche
 
A veces se detiene a beber agua de los arroyos quietos
Y un nombre que se dibuja en la momentánea transparencia del mundo
le recuerda que no todo lo escrito podrá ser leído
 
 
Al natural     
(para Maite)
 
Desnuda subes
la escalera de madera
 
cierro los ojos
para perpetuar
la suavidad de tus pasos
 
el vaivén de tus pechos
 
dejar afuera
–aunque más no sea
por esta noche–
la ciudad y la tristeza
 
decidida te acurrucarás
a mi lado
en un instante
 
en el instante preciso
en el que el cielo
se abrirá
a la fiesta de los cuerpos
al amor de los dos
 
 
Ella sabe     
(para L. Andreas)
 
Sabe separar el árbol del bosque
Ella oscurece con su boca el sol
Para nuestra dicha pronto lloverá
 
 
Los pájaros de la vida
 
Sólo algunas estrellas guían
a la pequeña pasajera
 
que dentro de un soplo besará
al hombre
            en la playa encendida
 
para que los pájaros de la vida
            canten
 
            canten
junto a tu pensamiento
 
                        que canta
 
 
Colores        
(para Gaby)
 
No entiende de colores
confunde el encarnado con la lealtad
lo racional con la esperanza
            y la pureza con la obscenidad
 
No entiende de colores
            por eso pinta
 
 
Tarde de perros
 
Como si la tarde pasara por la sencilla razón
de que hay silencios que se hacen
los muertos
 
Como si los perros que duermen bajo el sol
ladraran en sus sueños
al desconocido
 
Como si nada quedara
Sólo la ceniza
 
que nos tuvo de testigo
Señales de mirarnos
Cómplices
 
 
Música
 
En otros atardeceres
los cuerpos eran música
 
Separados o unidos
 
cuerpos que sin palabras
se eternizaban en esa escisión
en que la música
parecía detenerse
 
para empezar
otra vez
la rueda fugaz
de nuestra danza
 
Esa tarde y siempre
 
 
4. NADA FUERA DE LUGAR (fragmento)
 
«... y que sea lo que sea.»
Jorge Drexler
 
Los muertos
 
¿Qué se hace con un muerto?
¿Se lo deja en casa?
¿Se le cierran
las ventanas y la puerta
de la habitación?
¿Se habla en voz baja
para no despertarlo?
 
¿Se lo comienza a olvidar
para no sentir
culpa de su abandono?
 
 
Cara y Cruz
 
Dando la cara llegamos a la vida
con palmaditas en el culo
nos reciben
 
y de inmediato nos revolean al aire
como a una moneda
 
por si una vez el azar
por si falla el juego
de la vida
 
pero la suerte sigue echada
y caemos siempre irremediablemente cruz
 
Luego juntan nuestros pedazos
 
Nos olvidan
en uno de esos lugares
oscuros y fríos
 
 
Preguntas
 
¿No hay sol para el desolado?
¿El desolado no hace luz desde su mirar?
¿En el mirar del desolado la luz se transparenta en claridad?
¿Desaparece la luz para sólo ser oscuridad?
¿Acaso el desolado tiene alergia a la luz?
 
 
Lecturas
 
Enfrascado en la lectura de Proust
no llegaba a percibir que
desde el tren
            los árboles eran más lentos
                                  
                                   tampoco
cuando el muchacho cruzó el vagón
arrebatando a justos y pecadores
las cadenas de un oro imposible
 
para saltar sin tiempo
y violentamente perdido
hacia otras formas del mundo
 
 
Cantar a tientas
 
Hace una cantidad de años
se solía dejar ciegos a los canarios
para lograr en su canto mayor belleza
-actitud típicamente humana
como cortar lenguas
cercenar gargantas-
 
Hoy
las cosas no han mejorado
y los pájaros que aún sobreviven
cantan
a tientas
todo el tiempo
     con señas desesperadas
 
 
Ella dijo
 
empujá la desdicha a un lado
            porque para el dolor
                        siempre hay tiempo
 
y recordá
la vida
no es más que estos pedazos de nosotros
                        compartidos con los demás
 


José María Pallaoro (La Plata, 1959). Vive en City Bell (Provincia de Buenos Aires). Publicó plaquetas, cuadernos y tres libros de poemas: El viaje circular, Pájaros cubiertos de ceniza y Son dos los que danzan. Compiló (junto al poeta Néstor Mux) y editó la antología: Naranjos de fascinante música: poesía contemporánea de amor en La Plata, donde se incluye material de 34 autores del Partido de La Plata.
Es director de el espiniyo revista de poesía de las cuatro estaciones, la primera en su género realizada en el Partido de La Plata.
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