Revista Internacional de Poesía "Poesía de Rosario" Nº17
 
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Un taxi a Bucarest

 

 

UN TAXI A BUCAREST. CELIA FONTÁN. 
Papeles del Boulevard. 2007.





Este libro en su contratapa dice “No recuerdas, vigilas/acechas los fragmentos,/los rápidos registros de la noche está hecho de fragmentos que así como lo propone la autora, los he leído. Debo decir, que Celia Fontán vigila y acecha aquellas fracciones del recuerdo que impresionaron su hacer poético. El último poema del primer capítulo “Automóviles” dedicado a Julia Mántica, esta apoyado en una imagen que se repite y se contradice en relación al orden temporal de quienes la componen, hay una relación intergeneracional a partir de una fotografía, la visualización de esa gráfica pone de manifiesto toda una articulación del recuerdo pero también algunas conclusiones que nos asaltan con un remate aleatorio. En todo el capítulo se evoca por la noción temporal,  una época lejana, resuena un primer tono nostálgico y luego algo que quiere resolver sin solución de continuidad esa nostalgia reconstruyendo imágenes, pidiendo a alguien que le ayude a recordar, guardando fotografías o como si se pudiera aún desertar del tiempo que pasa inevitablemente.   Los poemas del capítulo Siroco Bar, muestran a C.F apoyada en alusiones, implicaciones, connotaciones, secuencias somnolientas o silenciosas y sombrías, todo lo que por más que haya poema no se puede ya recuperar porque el poema mismo no alcanza “Oh, cuántas veces se ha dispersado /un centro hacia los cuatro vientos,/ hacia las direcciones contrarias del albur./ Nada puede reunir lo que el viento ha cardado,/ ni siquiera el rumor, ni el balanceo / de los cuerpos / que rompen en la noche /la tersura helada / del agua en el estanque”. Es la pérdida y la perdida que trata de recuperar esos fragmentos de la memoria que surgen entre “los rápidos registros de la noche”, esas intercalaciones del recuerdo con lo presente que es como permitirse ir en dirección contraria del destino que se desconoce, lo que es cierto y sabido es ese ir a buscar  en las incisiones, ir por esa dirección -entonces- sí conocida, esa reversa, que permite volver a un centro completo que fue en algún tiempo definitivo pero luego es dispersado por obra de la vida.   La poeta sigue el curso de las ausencias, y entra en el capítulo “Paso de frontera”. Hace un cruce hacia una poesía referencial, se mueve y se ubica dentro de escenarios, recrea y reinventa desde  lo peculiar de sus numerosas lecturas en las obras y las vidas de personajes que convoca. El propósito es crear desde un propio registro de imágenes poemas que aludan un oleaje, a un ruido de un pasado que siente imprescindible rescatar. Por ello nos trae al Goya de “Los desastres de la guerra “ y dice “…la soga del amarre, la boca como un pozo, de negra sangre seca”. A la poeta británica (Elizabeth Siddal) llamándola “Beatriz sin _Dante en un infierno altivo…”. A Piranessi, arquitecto y grabador antiguo de 1700 que dejó los más bellos capiteles de Roma, ciudad a la que amaba. Al emperador Teodorico el Grande. A la cuna del movimiento dadaísta, el famoso Cabaret Voltaire. Pero también en este capítulo, casi deslizándose sin pretensiones, aparece como dejado al azar, como entremezclado arbitrariamente, un breve y bello poema, indispensable incluir en este comentario: “Conversación” “Me dijo/ que no era fácil morir /en terapia intensiva, / me dijo que entre sondas y bajo el centelleo de los monitores, / más se sentía como un astronauta / en víspera / de iniciar un largo viaje, / que una vieja / en sus últimos días en el mundo. Pero escuchar llover, me dijo, / escuchar llover o imaginar la lluvia / detrás del ventanuco de la sala, / eso si, la había ayudado”. Luego de este paso de frontera, tan cotidiano para el hombre, tan simplemente mortal, el lector advierte la intencionalidad del título del capítulo que realmente  resulta toda una experiencia, una vivencia,  una rememoración y un aprendizaje para estos saltos hacia otro lugar aunque este sitio sea la muerte. “Imaginar la lluvia(…) eso sí la había salvado” Imaginar salva lo que está muerto de  ausencia, permite el cruce, re-une, permite interpolaciones, imaginar es el acto que nos hace inmensamente libres aún ante la muerte, en el imaginar está la inserción, la implantación de la posibilidad, el sentido de conjunto en el que el tiempo es derrumbado por la mente y todos los pasajes son abiertos también por ella como una suerte de callejón estigmatizado. Imaginar es también ese “taxi entrando a una zona secreta” ese lugar de luz que obnubila y permite definitivamente pisar sitios a los que de otro modono se puede acceder. Desde la anédoçta de un viaje en taxi Celia Fontán puede ir “hacia la peripecia/ desde la periferia al centro de una revelación…”  retoma aquel centro citado anteriormente, centro de su vida que decide no perder, centro donde seguramente está la convicción de su don, el más preciado acto de amor para con ella misma: su propia significación de ser, la peripecia está en poder volver. Todo ser humano y todo poeta necesita volver a su centro, sea el de la infancia, el de la memoria más sonora o el de llegar a Bucarest yendo a buscar su propia alma. Lo del taxi es pura materialidad de medio. 


A.R.






 

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